domingo, 4 de agosto de 2013

Orestes, la soledad


Orestes, la soledad
sea  la culpa no verguenza

Antonio Henriquez 

El silencio frente a las respuestas intimas que buscan los estados mentales subjetivos cuando la normalidad se representa en la expresión verbal. Desconocer el día, don de la sanidad, problemas de insomnio, perdón – culpa, no controlar el cuerpo, regirse por métodos de sostenimiento distintos a los que se acostumbra comúnmente. No se tiene consciencia del tiempo, perdiéndose su presencia y noción, sin saber concretamente cuál de ellas fue la primera en disiparse. ¿Hasta donde lo que se cree termina por ser cierto, y cuando se toma cuenta sobre la falsedad del pensamiento? La realidad quizás deja de formar parte de lo observable para transformarse en varios esquemas de pensamientos internos que sobrepasan los estados mentales subjetivos, trascendiendo el factor de lo temporal, arrastrando consigo todas las figuras simbólicas que dan respuesta a la cultura. Olvidos, recuerdos que  existen solamente si  son hablados. “capital es lo que no tenemos, Nicaragua no tiene capital, escombros es lo único que tiene”. Ser escriba ante la falta de un acompañante.

Frente a la soledad son los sueños el acompañante del renunciante. Dícese que algo de divino acompaña los deseos – pasiones humanas; delirios religiosos, delirios místicos, delirios poéticos y amorosos. Confluye, lo anterior, en el “deber· de ser humano, si se superan las soluciones verbales todas ellas, y los actos se dieran a interpretar bajo otros parámetros, mas no por sus significados.  “Estar enfermo es estar bien”, “los muertos somos muertos que nunca viven”. Actitudes del sujeto frente al otro.

Cuáles son esos otros parámetros sino la renuncia, llamada algunas veces como búsqueda de la sabiduría tanto en plano intelectual y teológico. Escuchar y guardarse. Entonces las conjeturas proféticas no desesperan  sin razón alguna. Se está alerta para guardarse de ser sorprendido, superando lo que se cree es el acto en sí mismo.  De qué manera se da evidencia de tal viaje, a no ser por la presencia constante de anhedonia.  Refiérase  a aquello con lo cual soñó,  parte insondable, desprendida de lo real manifiesto, participe solamente en recuerdos. Quizás no tan ciertos e imprecisos, pero si atentos en lo que se cree en el momento. Es lo verdadero para el sujeto, aunque no sea así comprendido por los receptores, aparatos de las instituciones del juicio todos nosotros.  Los monjes del cristianismo de oriente con tristeza y angustia hacen frente a tantas cavilaciones espirituales. El abandono y la lucha contra las fuerzas terrenales, se caracteriza por la ruptura en una especia de ataraxia elevada hasta lo incomprensible. No – acto, no – presencia, no – movimiento. Estar solo frente al pensamiento puro, sea falso o verdadero. “solo platicaban sobre mí, cosas amenas, como vivía, yo de salud, de alegría”. La visión del pensamiento en todos lados.

Anotar las intenciones del abandono. Si es voluntario, impuesto o accidental. Bloqueado por experiencias transversales. Tal vez no hubieran tenido lugar en otras circunstancias, si de verdad fueran transversales. Algunas ocasiones tal renuncia se presenta de forma hostil, por asco o inconformidad, porque se dio el espacio de verse subyugado por lo llamativo de la sencillez. Son las circunstancias cíclicas, y se informa de ellas a través de las ideas expresadas. Cumplen la función de la “presencia” legiones de fragmentos del pensamiento disgregados; juntándose para dar forma y sentido a experiencias, sean agradables o no, situaciones pretéritas que hayan sido relevantes o no, personas que estuvieron y ya no, y sus rostros son ideados de nuevo como respuesta a los estragos del olvido. Si es posible, puede aprender a vivir otra vez, pero no aprender a conmoverse por el entorno y sus actores. “aquí todos trabajamos, ¿verdad?”. La presencia, lo no real.

Por momentos los movimientos son bruscos, y ahí tirado en el suelo, como si se tratara del sueño de un padre del desierto, emite sonidos poco comunes, que no corresponden a ninguna palabra existente. Tira sus brazos al aire y sus zapatos también. Mueve todas sus extremidades pero conserva la postura general de su cuerpo sobre el piso. Luego se pone en pie, y se dirige a cualquier parte, olvidando, al parecer, todo lo que había sucedido anteriormente. Entonces se dirá, ¿qué significa olvidar? cuando recordar es ilusión, aprehender por alteraciones, porque lo que se ve esta derramado por la distorsión, y es que no puede subsistir la idea sin la presencia de los elementos que la componen. El cuerpo tenso y los incomprensibles sonidos, pasan a ser  un concepto en tal escenario. Prefiriendo explicar aquello que se ve por medio de soluciones verbales. Hay un mito del sujeto el cual supera toda parafernalia explicativa, lo que es en sí, para sí mismo, sorprende a casi todos y suscita odio por haber creado al cuerpo en pos de un lenguaje de rebelión. “ellos se ponen el nombre solitos”. Solución a lo que no existe.

Hay vestigios, sin embargo, de cosas que dan conocimiento sobre lo que pudo haber sido, aunque se carezcan de los medios fehacientes para comprobarlo. Sin embargo se cuenta con reflexiones espontaneas, ideas preconcebidas, espejismos de la personalidad ulterior, que permiten definir un poco, tan solo, quien es o fue tal sujeto. Tomando en consideración a algunas personas cuyas realidades se aseguran solamente si se sustentan por el devenir de lo observable, renunciando de conocer algo que caiga en la categoría de lo comunicable. De qué forma puede conspirar el pensamiento, si es que aún no se encuentra tan destruido, para hacer frente al mismo espacio inmutable,  donde nada cambia y son los días uno y no varios, y el tiempo se entrega para percibirse en instantes, siendo cada instante un momento eterno intrincado sobre ese tiempo. Se llega a la soledad, en ocasiones, de forma voluntaria, algunas veces accidental, situándose en tal monotonía, la misma noción de estar solo trasciende el significado del término para desconocer si se está solo realmente, y no es este un término acuñado únicamente por la ausencia del otro, obviando así, a la persona que desconoce sobre la realidad de su ser y entorno, cuando él “principio de lo posible” no es suficiente. Solitario delante las resistencias del mundo, sufriendo transiciones sobre pensamientos derrotados que encuentran alrededor, en cada momento que no pasa,  un nuevo nacimiento. “Pico della mirándola claro que fue un gran pensador”. Introducción al conocimiento.

No habrá más que los mismos lugares habitados por las mismas personas, como si de todo han pasado de lado, menos de la territorialidad, principio básico para establecer referencia temporal. Quizás otorgue sentido a la existencia, la seguridad de caminar sin saber dónde van, pero volver y reconocer, de forma misteriosa, donde fue el punto de partida hacia la nada. “llega y se sienta, uno se fija en el detalle de su cama para arreglarla, otro, permanece inmóvil sobre sus pies, en un lugar que no es habitual para él, sin embargo, la mirada fija en el vacío, es parte de su cotidianeidad”. La traición de las circunstancias, sonreír sin expresarlo, y el horror a lo sensible, el fuego que se debe apagar en la cabeza del padre, un juego de ajedrez, hacer congas, pensar al que no está,  Orestes, la soledad.  

A los de adentro. Mártires de la providencia.

martes, 19 de marzo de 2013

Identidad y Revolución


Nota del Blog

Nuevamente Catexis presenta un artículo publicado en la revista Psique y Sociedad, hace casi 20 años.  Las razones de la presente publicación no giran en torno a la vigencia del texto –esta es discutible-, si no  en torno a su valor histórico.


Identidad y Revolución
Los Sandinistas en el contexto neo-liberal

Tod Sloan Ph. D
Lic. Isabel María Suero Mellinas

Resumen
Este estudio exploratorio de las historias de vida de ex-militantes sandinistas plantea una perspectiva novedosa sobre los componentes de la identidad psicosocial y sus funciones en el desarrollo humano. En esta aplicación del concepto de Erikson, se observa que muchos jóvenes nicaragüenses pudieron resolver su transición a la adultez en base de la solución que les presentaba la Revolución. Esta solución parcial dejó sin resolver varias aspectos de la identidad al lado de de lo personal, un resultado casi opuesto al dilema de los adultos jóvenes en la postmodernidad, los cuales tienen dificultades en encontrar vínculos sociales más allá de su ámbito personal. Se analizan las implicaciones de este estudio para los nicaragüenses que ahora enfrentan la “crisis de media vida” y para la conceptualización adecuada de la identidad en general.

Introducción
En tu infancia, jugaste como todos los niños. Corrías en las calles tras un pelota, aprendiste matemática y español, viviste las alegrías y los traumas de tu familia. Tu cuerpo crecía con magia interna. Bajo el sol y la lluvia ibas tomando consciencia de tu mundo y de tu lugar en él. Muy despacio te diste cuenta de la injusticia social, de la división de la sociedad en dos partes: los que tenía mucho y los que tenía poco. Los de arriba, que eran pocos, vivían en un paraíso tropical con piscinas y carros, sin inquietudes más allá de las modos y la buena comida. Mientras tanto, los de la gran mayoría, los pobres que abajo nacían, trabajaban como esclavos  para sobrevivir, y morían jóvenes. Sabías si tener que pensarlo que no eras de arriba.

Cuando ya eras grande, un sector social que representaba tus intereses tomó el poder tras una larga lucha heroica. Una ola de energía humana te agarró y te levó a dedicarte a la tarea de construir una nueva sociedad basada en la justicia y la igualdad. Fuiste a alfabetizar y a cortar café y conociste gente de todas las regiones de tu país, participaste en reuniones para mejorar tu barrio. De repente había una guerra y un bloqueo económico contra la transformación que apoyabas con toda tu alma. Para seguir realizando tu sueño a pesar de las amenazas, sacaste del fondo de ti mismo un coraje que no sabías que existía. Pasaste hambre, tuviste miedo, perdiste amigos con las balas de quienes no compartían tu forma de ver al mundo…

Ahora amaneces con otro mundo y te sientes como el hombre en ese cuento de Kafka que se despierta un día en el cuerpo de un insecto gigantesco. Lo que has hecho y lo que sabes no cuenta como antes, no es valorado. La gente que se mueve en tu entorno escucha otra música. La ola de energía colectiva se dispersó en tantos charcos individuales.

Tienes que buscar tu propio camino en un camino dentro de un laberinto lleno en tinieblas.

¿Qué pasó? ¿Quién eres? ¿Dónde estás?


Identidad Psicosocial
El análisis psicosocial de una determinada coyuntura histórica puede indicar los conceptos que nos sirven para comprender sistemáticamente las vivencias de los individuos. Tal comprensión no sólo sirve como otra muestra en la que se puede demostrar el valor de un concepto académico, sino también nos da sugerencias prácticas para enfrentar la actualidad en la que vivimos.

En este ensayo, exploramos la posibilidad de comprender unos aspectos de la situación actual de la izquierda en Nicaragua en términos de concepto de identidad psicosocial. Se desarrolla este análisis conceptual en base de entrevistas a profundidad con militantes sandinistas y de conversaciones íntimas con colegas, amigos y gente de la calle. Después de introducir nuestro marco teórico se presentaran nuestras impresiones sobre las vivencias de estos nicaragüenses.

Es el psicoanalista alemán Erik Erikson quien merece más crédito por haber presentado un concepto de identidad que va más allá de un simple concepto de un yo, un “self”, o un  sí mismo que organiza e integra las emociones, las percepciones, los recuerdos y los valores del individuo. El concepto desarrollado por Erikson (1959) vincula un concepto psicodinámico del yo con una apreciación de la importancia de las relaciones interpersonales, la comunidad, la cultura y el contexto histórico en el establecimiento y mantenimiento de este yo.

Según Erikson, la identidad se va formando desde la infancia en base de la resolución o no resolución de las muy conocidas crisis psicosociales descritas por él mismo (en una apropiación de las etapas psicosexuales de Freud). En las crisis previas a la crisis que involucra más directamente a la identidad, el individuo, en interacción con las demás personas en su vida tiene que lograr 1) una confianza básica –0 a 1 año de vida-, 2) una cierta autonomía (en lugar de la vergüenza y la duda) –1 a 3 años aproximadamente-, 3) la iniciativa (en lugar de la culpa) –3 a 6 años de edad-, y 4) laboriosidad (en lugar de sentimiento de inferioridad) –6 a 13 años de edad-. Según Erikson, la posibilidad de resolver adecuadamente la crisis de identidad en la adolescencia depende directamente de haber resuelto más o menos bien las crisis previas. En la mediad en que el individuo logre una solución de la crisis de identidad evita una confusión de roles.

De la misma forma, se tiene que resolver la crisis de identidad para resolver de forma satisfactoria las próximas etapas 6) intimidad versus aislamiento, 7) generatividad versus estancamiento, 8) integridad versus desesperanza.

El esquema de Erikson plantea que no es posible evitar la “crisis de identidad”. Todo el mundo pasa por esta etapa y la resuelve en función de las etapas previas y de los recursos presentes cuando la crisis se enfrenta directamente.

Por ejemplo, una persona que tuvo problemas con la autonomía en la niñez debido a padres sobreprotectores, una enfermedad, o un ambiente peligroso, tendría dificultades con el establecimiento de una identidad autónoma en la adultez. Se prestaría tal vez a ideologías rígidas, se conformaría demasiada a la presión de su grupo, etc. De manera parecida, una persona que experimentó fracasos en la escuela primaria, sufriría una falta de iniciativa para ensayar nuevos roles de durante la crisis de identidad.

Más allá de lo que se conserva de carácter emocional, otros recursos importantes para la solución de la crisis de identidad son los valores que enseña la familia, los roles disponibles en la comunidad, las capacidades que se han desarrollado en la escuela o en experiencias tempranas en el trabajo, el apoyo de las amistades, etc. Una solución adecuada de la crisis de identidad se hace a través de una larga negociación que toma en cuenta las necesidades de la comunidad y el potencial del individuo. Se busca una relación complementaria entre el individuo y la comunidad.

Los estudios realizados por Erikson sobre diversas culturas y generaciones nos enseñan que las formas en que se construye la identidad persona dependen estrechamente de la época histórica y el contexto cultural. Por supuesto, la tarea de construir conscientemente una identidad personal es un producto de la modernización, un proceso que destruye las bases tradicionales que situaba al individuo en su sociedad. Ahora en el mundo turbulento de la modernidad, la búsqueda de un nicho adecuado depende mucho más de la responsabilidad del individuo (Sloan, 1995). La cuestión de la identidad surge allí: ¿Quién soy? ¿Qué lugar tengo en este mundo?

Se puede suponer que en tiempos revolucionarios este proceso se complica más. Pero nuestra tesis es casi la opuesta.

La década sandinista y la actual “crisis de valores”
Se podría concebir la situación así; con el triunfo del movimiento de liberación nacional en 1979, toda una generación de adolescentes y adultos jóvenes encontraron un marco que les dio un significado concreto a sus vidas y un lugar en el mundo, resolviendo repentinamente la tarea de negociar con calma, en una serie de pasos bien procesados, su propia identidad psicosocial. Cuando se definieron como militantes del FSLN o partidarios del Sandinismo en general, pudieron posponer decisiones personales sobre su profesión o trabajo y aceptar la dirección del Frente en estos asuntos. Además, en las relaciones intimas resultó que muchas uniones se hicieron tanto en base de una simpatía compartida por la Revolución, pero para muchos que no tenía ni idea donde ubicarse socialmente o que eran muy jóvenes para tomarse tal decisiones, la posibilidad de ser soldado o representante del Frente en el barrio, de pasar meses en campañas de salud o de alfabetización, resolvió por el momento la tarea pendiente de la construcción de una identidad psicosocial bien articulada.

Para ejemplificar la situación, escuchemos una parte del relato de una mujer de 32 años (tenía 17 cuando el Triunfo):

…Entonces se dio la Revolución, esto y otro y entonces me integré a ese mundo. Desgraciadamente estuve ene le ejército sandinista y entonces ahí peor, mi mundo era más cerrado. De allá para acá. Entonces para mi realmente todo giraba alrededor del proceso y eso tal vez me hizo estancarme un poco, porque después me di cuenta, llegó un momento en reflexioné y me di cuenta que realmente como persona yo hacía poco, como persona había logrado poco en el aspecto de  desarrollo principalmente como mujer… Yo considero que uno cambia de acuerdo al momento y al modo, hasta las concepciones porque ahora concibo las cosas de otra manera. Bueno creo que ahora soy más egoísta, estoy pensando en mi futuro, en mis perspectivas, de tener un hijo, porque antes no tenía a nadie, sólo a mis padres, no tenía un proyecto personal, y entonces eso hacía que realmente yo no estuviera pensando en hacer esto y lo otro. Bueno, yo tenía que graduarme, me decía, ¡esto proyecto es mío y lo voy a hacer!

Y otra entrevistada, con un poco más edad que la anterior cuando el Triunfo, contestando a la pregunta “¿Cuáles son los momentos más importantes de tu vida en general?”, dice:

Bueno, cuando el Triunfo de la Revolución, porque una tuvo muchas esperanzas, sobre todo los que nos sentíamos marginados. Tuvimos grandes ilusiones. Para mí esos son los mejores momentos, cuando yo me integré a la vida partidaria, yo me sentía otra persona, con otras perspectivas, porque eso fue lo que tuvimos con la Revolución. Las personas marginadas tenemos que reconocer que nos dieron un lugar por lo menos, aunque ahora retrocedimos… creo que esos fueron mis momentos más felices, podría decir, porque yo me olvidé de todo y me entregué de todo lo que tenía…
(¿Y militás ahora en partido o en una religión?)
Yo soy católica, pero no vivo en las iglesias, y en el partido qué vamos a militar si el partido está más dormido que nada, si allí cada quién anda por su lado, andamos a la deriva, peor allí vamos esperando que día se reactiva esto.

Nuestra tesis es que esta situación precoz de la identidad dentro del Sandinismo tuvo un costo que ahora se está pagando en formas distintas. Un poco más de una década después del Triunfo, estos mismos miles de nicaragüenses experimentaron un cambio abrupto cuando la oposición tomó el poder político en las elecciones del 1990. Otros miles ya se habían desilusionado con un aspecto u otro del proceso de transformación social vinculado al Sandinismo, pero ellos también  sufrieron un ajuste drástico en su mundo psicosocial al cuestionar su fe en el movimiento. En cualquier caso individual, los ideales y auto-imágenes formados en la juventud, vinculados a las varias corrientes del sandinismo, y concretamente realizados en la práctica cotidiana durante muchos años, ahora son frustrados en su expresión y tal vez cuestionados, escondidos u olvidados. Por ello y en un nuevo marco político y social, la tarea olvidad de construir una identidad personal vuelve súbitamente y ahora se tiene que resolver dentro de un contexto que se ve o en contra de sus propios valores o por lo menos muy confuso.

La comprensión de esta coyuntura no es tarea fácil. Por una parte, la confusión experimentada por tantos, sólo es una versión exagerada de lo que cualquier generación de jóvenes cuando se da cuenta de lo corrupto y de lo ambiguo del mundo de los adultos. Es por esto, un proceso conocido que se puede comprender en términos psicológicos.

Por otra parte, sin embargo, el peso de una coyuntura histórica específica cayó encima de esta generación: la última década de la guerra fría entre los poderes capitalista y socialista, una fuera que se combatió indirectamente a través de subtítulos en Corea, Cuba, Vietnam, Afganistán, El Salvador, y Nicaragua. Por esto, en esta generación de nicaragüenses (que ahora tiene treinta y cuarenta años), se distorsionó el proceso ya difícil de encontrar su lugar en el mundo de los adultos, dejándolos, por lo menos desorientados y un poco perdidos, si no deprimidos, trastornados, decepcionados, o desesperados.

Antes de proseguir, vale la pena explicar (para los lectores de fuera del país) con más detalles qué ha pasado en Nicaragua desde 1990, porque se sabe que el país ha desparecido del mapa de los noticieros. El gobierno de Chamorro se caracteriza por una mayor apertura política pero continúa una polarización política que se expresa en varios estancamientos de los procesos legislativos y en conflictos entre los poderes ejecutivos, jurídicos y legislativos. En la sociedad civil se da una fuerte reducción de la participación en las organizaciones afines al sandinismo. Además, hay un resurgimiento de organizaciones de otras tendencias: boy scout, asociaciones de pobladores, grupos religiosos evangélicos, asociaciones étnicas, étc. En lo religioso, la iglesia católica intenta ocupar de nuevo su rol de apoyo ideológico del sistema político económico e intenta controlar la educación y las organizaciones civiles.

En lo económico, se implementa un programa de ajuste estructural de corte neoliberal. Se han reducido rápidamente el tamaño del estado y una cantidad de servicios sociales, mientras la cooperación internacional se ha trasladado a otras partes del mundo. Hay una estabilización de la moneda pero paradójicamente se ha dado una profundización de la crisis económica en todo el país. En 1994 y 1995 el nivel de desempleo y subempleo se estima en 60 y 10 % respectivamente, con todas sus consecuencias sociales: la prostitución, la delincuencia, la clase media se ha deteriorado notablemente y la clase baja lucha a niveles de mera sobrevivencia. En medio de todo este deterioro, los signos del retorno al país del sector afluente se encuentra en los supermercados, la vida nocturna extravagante, nuevas universidades privadas, u os carros de lujo compiten en las calles con buses públicos totalmente deteriorados.

La sociedad se ha expresado en varias formas sobre la situación actual. Muchos hablan de la desesperanza que se ha generado con el fracaso del proyecto sandinista al que dedicaron una parte importante de su vida. Otros señalan su frustración de no haber encontrado en el nuevo gobierno la realización de sus ilusiones.

Tal vez la expresión más común desde los filósofos hasta los jóvenes, es que el país experimenta una “crisis de valores”.

Puede ser que ésta sea la mejor manera de describir la problemática, pero nos deja con muchas interrogantes, ¿qué hay detrás de esta afirmación?, ¿qué valores están en crisis?, ¿cómo se vive esta crisis a nivel personal?; ¿no será que lo que se observa es un sin número de crisis de identidad? Es decir, ¿no sería posible que los individuos guardan los mismos valores que siempre han tenido, pero ahora les resulta muy difícil encontrar las instituciones o los caminos en que se pueden realizar?


Notas sobre el método
Lo que se presente en este trabajo son las primeras observaciones de una investigación más amplia sobre la identidad nicaragüense, pues lo consideramos exploratorio y no definitivo. Por esto, no entramos aquí en todas las especificaciones metodológicas. Sólo se notará, que para lograr una comprensión adecuada de fenómenos tan subjetivos como la identidad, utilizamos el método de la entrevista a profundidad. Esta método se ha desarrollado mucho en las ciencias humanas en la última década para el estudio de las historias de vida y de la individualidad en general. En general, el método consiste en una conversación íntima entre la entrevistadora y la entrevistada sobre un tema de interés especial. La entrevista está grabada y transcrita para un estudio posterior de un grupo de investigadores.

Otro punto que hay que tocar brevemente es la selección de los participantes de nuestro estudio. En un estudio en profundidad de casos múltiples, los criterios que rigen la selección de informantes se determinan de manera distinta a la de las encuestas con miles de personas que buscan mayor representatividad para poder generalizar a todas las clases sociales, los dos géneros, las distintas edades, etc. En el caso de nuestro estudio, la meta es descubrir unas postas de interpretación y análisis que nos ayuden a conocer en profundidad los aspectos de la vida subjetiva de cada participante relacionados con su involucramiento en el Sandinismo y la formación y transformación de la identidad en torno a este involucramiento.

Por esto, antes de entrar en diálogos con los participantes en nuestro estudio, no nos permitimos preseleccionar criterios para la selección de sujetos. Sólo supusimos que el impacto más fuerte del fenómeno que queríamos conocer debe encontrarse entre las personas que tenía entre 13 y 25 años cuando el triunfo del FSLN en 1979, y que ahora en 1995 tienen entre 28 y 40 años.

Más allá del criterio de la edad, sólo entrevistamos a personas que se autoidentifican como sandinistas durante la década de los 80. Es decir que no se tenían que identificar como sandinistas en el momento de las entrevistas. Pensamos que los ex-sandinistas desde su posición posmovimiento, nos podrían informar de manera interesante sobre los significados del sandinismo. Tampoco insistimos que los participantes hubiesen sido militantes totalmente comprometidos, ni líderes, ni famosos, ni inscritos formalmente en el FSLN.


Estudio de casos
Resulta que entre nuestras ocho entrevistas formales y docenas de conversaciones informales, no es posible describir un caso típico. Casi nuestra primera impresión al escuchar varias entrevistas fue cada individuo buscaba algo distinto en el sandinismo y que esto se hizo en función de la situación concreta de la persona en conjunto con su carácter emocional y su historia de vida. Este hecho que sandinismo significó algo distinto para cada persona señala que hubo distintos procesos de formación de la identidad alrededor del sandinismo, y por ello distintas formas de adaptarse a su ocaso.

Por ejemplo, una mujer pobre se unió al Frente para asegurar el pan diario para sus hijos. Trabajó en su barrio trayendo comida a las reuniones de los compañeros. Pero en los últimos años de la Revolución, empezó a darse cuenta que, en contradicción con sus discursos, los líderes del Frente vivían mucho mejor que el pueblo. Esta mujer fácilmente cambió al frente por una iglesia carismática que también le da comida y un poco de trabajo. No reconoce ninguna contradicción ideológica en esto. De hecho, dice que sigue siendo sandinista. Según su relato, lo cual expresa una carencia afectiva profunda, parece que siempre ha buscado dos cosas: cubrir sus necesidades básicas a través de una figura paterna y encontrar un poco de aceptación en un grupo. Siguiendo el esquema de Erikson, podríamos decir que ella no logra enfrentar la tarea de la identidad porque casi no sale de los primeros dos niveles de necesidades de Maslow: la sobrevivencia física y un sentimiento de pertenecer a algún grupo. De todas maneras, este sujeto tuvo que buscar un nicho distinto en el mundo cuando el Frente no pudo ofrecerle lo que había determinado su apego al proceso revolucionario al principio. Fue poco más que intercambio de figuras paternas simbólicas.

Veamos en más profundidad el caso de “Santos”. Santos tenía 20 años en 1979, actualmente tiene 36, está desempleado y busca como desenvolverse en el nuevo marco político. En su entrevista nos dio no una simple descripción de hechos vividos, sino más bien una evaluación e intelectualización de lo que fue su vida.

Las etapas de su vida (infancia, adolescencia y adultez) coinciden notablemente con las tres coyunturas políticas  del país en las últimas décadas. Su infancia transcurre en un barrio popular de Managua, en pleno auge de la dictadura somocista. De ella nos cuenta: En mi casa, y sobre todo de mi padre, recibí una educación patriarcal y autoritaria… Un aspecto bien negativo era la educación de los padres; tenías que ver a la mujer como objeto. Sin embargo con mis hermanas todo era distinto, había una doble moral.

Santos como niño y en contacto con las personas importantes que le rodean, comienza a construir expectativas de lo que debe ser cuando sea adulta. Ya aquí va estableciendo su propia identidad en reacción a los valores machistas.

De mi relación con mi padre, no puedo decir nada bueno, la verdad, era mujeriego, no se ocupó de la educación de sus hijos. Afortunadamente no lo temé muy en serio… la religión católica no era enseñada, sino obligada. Si no ibas a misa te castigaban en la escuela toda la semana… los salesianos te engañaban con galletitas y afiches con tal de atraparte todo el año. No les interesaba crear consciencia.

Cuando la generación mayor no puede ofrecer modelos adecuados a sus hijos, ellos buscan la base de su identidad en otro lugar, generalmente en algún grupo, en el cual se comienza a dilucidar la gran pregunta sobre quien se quiere llegar a ser:

Pásabamos en las calles jugando y ahí íbamos aprendiendo, ya existía una solidaridad de barrio… Cuando voy siendo más mayor, catorce, quince años, busco un método de diversión, busco una salida. Nos acercamos a la institución de la iglesia que era prácticamente la única que había, pero buscando una realización, el identificarte con algo que te llame la atención, en este caso a través de la cultura.

En esos momentos el país atraviesa una situación política complicada de la que Satos es partícipe:

La mayoría de las militares tenían negocios que promovían el consumo de alcohol entre los adolescentes, pero a la vez el sistema hipócritamente lo prohibía, pues aunque no estuvieras organizado, en el momento que reflexionabas o razonaba hay represión. Era un mecanismo de dominación.

Santos va configurando su sistema personal de valores a partir del mundo en que vive y a la vez rechazando o criticando otros: preconiza la hermandad o solidaridad, rechaza la hipocresía, etc.

Pero en la iglesia y con la cultura no estás ayudando a tu hermano, te aplauden si destacás y ya… A partir (de estos momentos) y aunque no milita, pero desde la iglesia, yo ya me siento sandinista y cristiano.

Alrededor de los 18 años Santos está firmemente concientiza. Ya sabe lo que quiere ser, la función que desde desempeñar. Podríamos decir que la primera etapa de la búsqueda de identidad está superada, pues no ha de cuestionarse en cada cual es su identidad:

Entro en un seminario, quería acabar con la pobreza y mi idea era ser líder, un líder social, porque desde arriba se puede, desde abajo no. Quería cambiar el mundo desde un púlpito.

Santos buscaba el reconocimiento público y la realización personal, autojustificándose en su deseo de erradicar la pobreza. También el sandinismo favoreció la aparición de muchos líderes sociales, de los cuales muchos eran jóvenes. Asía la sociedad, como dice Erikson, jugaba su papel de ofrecer a la nueva generación opciones interesantes que calzaban con sus valores.

En los últimos años antes de que triunfara el Frente, colaboraba con él activamente, desde la teología de la liberación. Interpretábamos temas bíblicos. Otra manera de colaborar era cantando los temas testimoniales del hombre como iglesia. Allí iba la gente y hacíamos conciencia en la población sin llegar a la opción armada. Pero sufro un estancamiento, porque ese conocimiento que tienes, lo has de compartir con un montón de gente que nunca había participado y no sabía qué cosa es esa.

En un primer momento de participación logra integrar su vocación eclesiástica con su compromiso político, pues desde ambas conseguía sus mentas (concientización de la población y su realización personal como líder). Pero comienzan sus primeros problemas cuando habla de estancamiento. Esto produce un malestar en él, y nos acuerda de la crisis que, según Erikson, sigue a la crisis de la identidad, la crisis de generatividad frente al estancamiento. En el caso de Santos esto puede significar que la crisis de identidad se resolvió muy rápidamente, tal vez más como una forma de escape que como una construcción estable. Pero hubo un factor externo que provocó su estancamiento. No pudo seguir comprometido totalmente con el Frente:

Ya estábamos conectados con operativos directos. Recuerdo cuando me tocó mi primera tarea: me mandaban a liquidar a un hombre… Ese día yo quería hablar y decir que yo no quería eso y me dijeron que era un cobarde, y trataron de convencerme de que la opción armada era la única salida, y allí ya ni modo, tenías colaborar y a tirar bombas.

En cualquier grupo con el cual uno se identifica hay presión a la conformidad. Los individuos que saltan las normas son presionados para volver a la conformidad o de lo contrario quedan marginados o excluidos.

El sandinismo comenzó con las imposiciones. Aquí es donde el sandinismo empezó a comprar la conciencia del pueblo, en lugar de crearla… el Frente fracasa desde el momento en que se convierte en partido político, comete un error, pues ya va a manipular, no hizo nada con el ejemplo. Para ser político hay que ser sucio, tener una doble moral.

Veamos ahora qué factores provocan la desidentificación con el sandinismo. Por un lado, al producirse la institucionalización como partido el movimiento de liberación dejó de responder a los intereses que la originaron. A su vez llegó un momento en el que hubo una incompatibilidad en la consecución de los objetivos personales con los colectivos. Este factor fue muy importante para muchos militantes, ya que hubo que sacrificar en cierta medida su vida personal (familia, estudios…). Esto supuso que al cambiar el panorama político no tuvieran los suficientes recursos para enfrentarlo. Pero más allá de esto, vemos en el caso de Santos, la expresión del conflicto original que descubre en su cultura, la doble moral, la lucha entre la solidaridad y hermandad cristiana por un lado y por otro lado el poder bruto del mundo de los hombres machistas. Santos decide quedarse al lado de la solidaridad con la humanidad, de no matar a otro hombre y empieza a ver que sus valores no tienen lugar en su mundo concreto. Va de la decepción de su padre, a la decepción con la iglesia tradicional, a la desilusión con el Frente, y termina aislado, sin ilusiones de encontrar esa combinación mágica de valores personales con actividades concretas en la comunidad.

Actualmente Santos a sus treinta y seis años sigue viviendo con su padre y sus tres hijos. Su oficio es de contador, aunque nunca logró concluir sus estudios. Tampoco llegó a ser sacerdote. Hoy en el desempleo, Satos parece desorientado y desilusionado, ha de comenzar de nuevo su búsqueda: “Ahora tengo que buscar qué hacer. Continúo trabajando con la iglesia, llevo a mis hijos ahí porque quiero que descubran la participación por ellos mismos”.

Observaciones
Tal vez estos casos que presentamos representen dos extremos entre los miles de personas que vivenciaron el sandinismo en los 80: uno cuya participación tiene poco que ver con procesos de la formación psicológica de la identidad, y otro que hace de cualquier participación una forma de cuestionamiento de valores colectivos y personales de su relación con éstos.

Mucho más común entre las personas que conocemos –parecidas a las que citamos arriba en la introducción- es un relato de una participación entusiasta en los primeros años de la revolución, una participación más dolorosa y difícil en los últimos años de la década, y ahora diversas maneras de expresar la dificultad de encontrar un camino que les llene tanto como la luna de miel con el sandinismo.

Viendo la situación desde otra perspectiva, se pueda observar que el movimiento de liberación nacional ofreció varias estructuras que ayudaron a la construcción de la identidad:


-El sandinismo exaltó la labor de los jóvenes en innumerables ocasiones, haciéndoles sentir que podían llevar a cabo sus planes. Esto les dio confianza en sí mismos.
-El movimiento favoreció la oportunidad de Experimentar un gran número de papeles y funciones que más tarde podrían desempeñarse en la sociedad. La identidad persona se obtiene en base a tales oportunidades de experimentación.
-La participación suponía un compromiso ideológico que reemplazaba la confusión de valores propio de contextos neoliberales, mucho más individualistas: solidaridad, compromiso, exaltación de lo nacional, justicia…
Los adolescentes recibe una gran cantidad de mensajes de distintos grupos. “¿A quién seguir?” es una pregunta que exigirá una evaluación de parte de ellos. Al polarizarse la población nicaragüense el número de opciones se redujo, facilitando la elección.

A pesar de estos factores positivos, es nuestra impresión que el choque con el nuevo contexto neoliberal ha sido tan abrupto que sólo los más fuertes han podido fácilmente adaptarse psicológicamente. Los demás experimentaron algún tipo de trauma psicosocial. Según la teoría de Erikson, esta crisis de identidad se manifestaría en diversas formas de acuerdo con el carácter del individuo y su situación actual. Se puede catalogar algunos de los signos más obvios de una crisis de identidad y preguntarse si éstos no son ya bastante conocidos entre la población a que nos referimos:


 -Sobre evaluación de sí mismos: exageración de su valor, con pocos signos de esfuerzo para lograr sus metas. También lo opuesto, una subestimación de las propias capacidades, temor a fracasar.
-“Activismo”: un nivel de actividad frenético (reuniones, talleres, cursos de capacitación) que parece tener la meta de no tener tiempo libre para deprimirse.
 -Alcoholismo: tal vez más evidente entre los que se sentían muy identificados con el Frente y que no ve futuro en él.
-Separaciones de parejas: ello debido a que su razón ideológica para estar juntos parece ser más difícil de sostener.
-Contra-dependencia: dificultad para pedir ayuda necesaria.
-Parálisis de actividad: signos del trastorno de estrés postraumático.

Por supuesto, estos signos son agravados por la pésima situación económica en que se encuentra el país, pero esto no niega la importancia de los signos de la batalla psicológica que cada persona está librando. A veces uno tiene la impresión que todas las personas con posibilidad de hacerlo, o bien ya han salido del país o quieren salir en busca de nuevas vidas o de capacitación profesional.

Es interesante también notar que el mismo dilema es experimentado por los cientos de extranjeros que vinieron cuando jóvenes a vivir en Nicaragua y trabajar en solidaridad con la Revolución. Hay que aclarar que por supuesto muchas personas han podido encontrar la manera de sintetizar su experiencia en la revolución con lo que pasa en el nuevo contexto. No entraremos en detalles sobre cómo esto se puede hacer, pero parece que se hace más fácilmente cuando se pudo avanzar en el proyecto personal durante la Revolución y que los valores sociopolíticos se pudieron integrar más en un estilo de vida más individualista, por ejemplo, a través de una práctica artística, la vida familiar, un juego de capacidades profesionales no sólo vinculados al Frente, etc.

Ahora, lo paradójico en todo esto es que en cierta manera la Revolución aceleró un proceso de modernización en las esferas políticas y culturales (si no tanto en el sistema productivo) en base a una cultura conservador para dejar caer los sandinistas de clase media en la misma confusión postmoderna en la que se encuentra la clase media en todo el mundo occidental industrializado. La diferencia grave entre la situación de Nicaragua y otros países, es que los últimos tienen los recursos materiales para jugar con estilos de vida postmodernos, mientras los nicaragüenses tienen que construir su nuevo camino en base de muy poco, dado el desgaste de la guerra y el estancamiento económico. Lo que sí tienen es un repertorio de experiencias de la más ricas que haya en la historia de este siglo, experiencias de una solidaridad profunda, de una generosidad total, de la práctica de la alegría a pesar del sufrimiento. Es en base de estas experiencias acumuladas que la actual “crisis de valores” se podría superar, pero sólo si se encuentran formas nuevas de realizar dentro del contexto nuevo los valores que subyacen en todos los logros de la revolución.

Nota: Los autores quisieran reconocer las importantes contribuciones a este proyecto de investigación de Jazmine Solis, Roberto Moreno García, José Benito Aragón Juárez y Vanessa Morales Clara. El autor principal estuvo apoyado por la Comisión Fulbright durante su estadía en Nicaragua.

Bibliografía
Erikson, E. (1959). Identity and the life cycle. New York: Norton.
Sloan T. (1995). Demanged life: The Crisis of the modern psyche. Lodon: Routledge.

Tomado de: “Psique y sociedad”, revista del departamento de psicología. Universidad Centroamericana, Managua, Nicaragua. Volumen 2, 1995, Numero 1

miércoles, 13 de marzo de 2013

Urgencias psiquiátricas, un reto para el equipo de salud mental

Nota del Blog

En esta ocasión Catexis presenta un texto publicado hace más de una década en la revista Psique y Sociedad. Esta revista nació con el objetivo de impulsar el desarrollo de la psicología en Nicaragua  a través de la asidua publicación  de artículos que ponían de manifiesto la labor del profesional de salud mental frente a las demandas y necesidades comunitarias; así como también, el compartir ideas sobre temas de interés científico para enriquecer y actualizar al profesional en psicología y psiquiatría.

Si bien el artículo fue desarrollado y publicado en 1994 por el Psiquiatra y docente universitario Manuel Fernández, el tema cuenta con una vigencia  innegable al observar los distintos retos pendientes que tiene el trabajo de salud mental en nuestro país a consecuencia de las constantes turbulencias políticas y sociales que han marcado a la población nicaragüense. 


Urgencias psiquiátricas, un reto para el equipo de salud mental 

Carlos Manuel Fernández
Dr. Psiquiatra

Managua, Nicaragua

Se define las urgencias psiquiátricas,  sus características. Se ofrece un acercamiento a los conceptos de crisis, y eventos vitales. 

Se plantea la importancia de la creación de unidades de intervención en crisis (UIC), sus características propias y sus funciones. 

I.                   Introducción

La urgencia psiquiátrica como toda “urgencia médica” requiere de la formación de equipos especializados multidisciplinarios para su adecuada atención; así como de la organización de los servicios de urgencia, de forma tal que facilite su compleja labor. 

Enfrentar la atención a la urgencia psiquiátrica en Nicaragua es un reto al equipo de salud mental. Los esfuerzos encaminados hacia la óptima atención de estos pacientes necesitan recursos económicos y técnicos, pero fundamentalmente de un alto nivel de motivación. 

En una reciente investigación acerca de las urgencias psiquiátricas atendidas en el hospital José Dolores Fletes de Managua, de 1913 casos solo el 19 %  fueron calificados como verdaderas urgencias, lo que denota el mal uso del servicio de urgencia por parte de la población y la posible ineficiencia del primer y segundo nivel de atención en salud mental del país. (Sequeira y Palma, 1990)

Al absorber la demanda de consulta externa psiquiátrica, los servicios de urgencias  se ven limitados de ofrecer una atención de calidad a los casos que la necesitan. Pero no solamente se afectan los servicios de urgencias del hospital psiquiátrico del país, sino que al carecerse de una atención adecuada, el resto de los servicios de urgencia de los hospitales generales tienen que absorber esa carga asistencial son la calificación requerida. 

Para Rund y Hutzler (1988) la enfermedad psiquiátrica es notablemente común en los pacientes que buscan atención en los departamentos de urgencia. Los problemas psiquiátricos constituyen el motivo principal del 10% de las visitas de pacientes al hospital general. 

El predominio de la “enfermedad psiquiátrica activa”  en los pacientes de urgencia que buscan atención por cualquier motivo, alcanzó un porcentaje de hasta el 38%  en un estudio realizado en los Estados Unidos, utilizando criterios de investigación estandarizados para diagnósticos psiquiátricos. Esto representa un grupo enorme de pacientes que los médicos de urgencia deben evaluar en los servicios de emergencias de los hospitales generales del país. (Rund y Hutzler, 1988)

II.                Concepto de urgencia psiquiátrica

El tema de la urgencia psiquiátrica fue olvidado en la literatura de la especialidad hasta hace pocos años. En la actualidad, gracias a los datos aportados por los estudios epidemiológicos relacionados con el suicidio, y que lo ubican en las Diez primeras causas de muerte en el mundo, es que a la urgencia psiquiátrica se le brinda mayor atención (OMS, 1968).

Se define la urgencia psiquiátrica, como un grave desajuste del pensamiento, los sentimientos, las acciones, que ponen en peligro la vida del propio paciente o la de sus semejantes, y que de no ser atendidas pueden dejar serias y perdurables incapacidades. (Muria, R.1978). Esta categoría en muchas ocasiones es el mismo paciente que las expresa, en otra son los miembros de su comunidad, familiares, profesores, policías; y finalmente deben ser definidas por el equipo de salud mental. 

En relación al tema de las urgencias psiquiátricas es necesario destacar los trabajos de Brandon y Caplan (1960). Este último basado en los trabajos de Sindeman (1944), y en las experiencias de las dos guerras mundiales, expone su teoría de las crisis. Dicha teoría plantea “la personalidad como un equilibrio dinámico, con su almacén de mecanismos de afrontamiento, los cuales pueden adaptarse a la mayoría de las situaciones vitales, pero que sobrevienen fluidas y desorganizadas cuando se enfrentan en un reto potencialmente insoluble” (Freedman y Kaplan, 1982)

Caplan plantea que durante este periodo de crisis “el potencial para cambios” esta grandemente incrementado y que la ayuda brindada en esta etapa es muy probable que sea efectiva. Lois Linn (1971) plantea el doble significado de las crisis. “primero, es un momento de peligro durante el cual, la persona sensible puede perder su vida o ser precipitada en el círculo viciosos de la regresión y la incapacidad crónica. Segundo, el momento en que se presenta la oportunidad de un crecimiento emocional con un aumento del Insight, dominio de uno mismo e incremento de la autoestima”. 

Elkonin (1965), elabora un esquema donde, abarcando el desarrollo psíquico y físico plantea las denominadas crisis de desarrollo. Considera este autor “las crisis” como el resultado de las contradicciones propias de motivaciones y necesidades adquiridas en el proceso de desarrollo y maduración.

Las crisis han sido calificadas de múltiples formas. A nuestro juicio, la que más facilita la información y orientan la terapéutica es la que utiliza el nombre del evento vital que las determina. Así vemos crisis clasificadas como matrimoniales, laborales, escolares, de duelo, etc.
Modelos como las “hot line”(líneas calientes), en las que se brinda atención o ayuda telefónica a personas que así lo requieran o las modernas unidades de intervención en crisis, actualmente generalizadas en muchos países con desarrollo en la red de atención de salud mental, han demostrado en los últimos 20 años su utilidad, dirigida a brindar formas cualitativamente superiores de atención a las urgencias psiquiátricas. 

Los criterios antes expuestos, en conjunción con los avances de la terapia intensiva a la urgencia médico – quirúrgica, los conceptos modernos de “equipos de trabajo” multidisciplinario y con intercambio de roles, los avances de la psicofarmacoterapia y de las técnicas psicoterapéutica y la experiencia de la psiquiatría comunitaria; han modificado los conceptos actuales de atención a las urgencias psiquiátricas. Se inicia entonces un proceso que culmina con la creación o aparición de las  unidades de intervención en crisis (UIC)

III.             Unidades de intervención en crisis (UIC

Las unidades de intervención en crisis (UIC) se definen como la puerta de entrada de todo servicio de salud mental en el 2do nivel de atención. Tiene responsabilidad de clasificar, intervenir las crisis, atender las urgencias y referir hacia otros servicios: hospitalización de pacientes agudos, hospitalización parcial, hospitalización de crónicos, otros servicios especializados a los pacientes que así lo necesiten (medicina interna, neurología, etc)

En las unidades de intervención en crisis, se modifica la clásica relación médico – paciente por la del equipo de salud mental – paciente, o equipo – familia o, equipo – comunidad, interviniendo con todos los recursos necesarios, para evitar la hospitalización, o reducirla al mínimo. Estas unidades mantienen una relación estrecha con los equipos de salud de comunidades (atención primaria comunitaria), lo cual brinda la conjunción entre el primero y el segundo nivel de atención, y su relación estrecha con la comunidad. 

Las UIC requieren de un equipo profesional competente y cohesionado con una comunicación directa y una dinámica interdisciplinaria, donde exista el intercambio de roles, dado el complejo problema a resolver. 

Esta variabilidad de la problemática a enfrentar requiere de miembros con una personalidad madura, que facilite las interacciones en todo momento de forma fluida. 

Los objetivos de trabajo de las unidades de intervención    en crisis hacen que se mantenga la calidad del trabajo terapéutico, a pesar de la intensidad de las actividades que duran las 24 horas del día. Todo el personal está inmerso en la consecución de estos objetivos, que hace posible y a su vez, imprescindible la cohesión del equipo de salud mental. 

Desde el personal auxiliar hasta el especialista jefe, todos conocen la dinámica de cada caso, y de una u otra forma adoptan roles que influyen psicoterapéuticamente en los mismos. En nuestra experiencia (Fernández T., C. 1987), en este tipo de servicios, conocemos de la gran ayuda brindada por el personal auxiliar a la hora de establecer una estrategia terapéutica individualizada. 

En las unidades de intervención en crisis se aprovecha cada momento, cada visita, cada acompañante.se realizan entrevistas por cualquier miembro del equipo, se deciden dinámicas familiares, laborales, matrimoniales, en momentos en que la crisis posibilita actuar sobre los conflictos, con escasa resistencia por parte del paciente, y/o la familia, ya que no han tenido tiempo de enmascarar los problemas. 

El equipo de salud mental de las UIC debe estar compuesto por: 

1.      Un psiquiatra clasificador, con alta capacitación. Tiene a su cargo la responsabilidad de clasificar, intervenir y diagnosticar al paciente, la crisis o la urgencia que lo asiste, así como determinar la medida estratégica oportuna para cada caso.
2.      El resto del equipo compuesto por psiquiatras, residentes, psicólogos, trabajadores sociales, enfermeras y personal auxiliar, ofrecerá atención a los casos que el medico clasificador decida ingresar a la UIC.

La unidad como tal debe contar con un número reducido de camas, a nuestro criterio no deben exceder las 6 camas, con un tiempo máximo de estancia de 7 días, lo cual ofrece la oportunidad de intervenir la crisis, resolver las urgencias y definir la conducta futura en la generalidad de los casos; posibilitando que se mantenga el nexo entre paciente, familia y comunidad.

IV.             Criterio de ingreso a las UIC

Los criterios de ingreso a las UIC son los siguientes:

1.      Todo paciente portador de síntomas psicopatológicos de muy diversa índole o calidad, a nivel neurótico o psicótico, en sus primeras manifestaciones, o aquellos cuya etiología obedeciera a factores eminentemente reactivos tales como el maltrato físico, el abuso sexual, inadaptación por conflictos familiares, laborales o sociales, etc.
2.      Pacientes hetero o autoagresivos.
3.      En relación con los casos que presentan cuadros psicóticos, este tipo de unidad, por los recursos humanos especializados con que cuenta, posibilita llegar a un diagnostico precoz y establecer un tratamiento temprano; así como una mejor orientación familiar, en relación a los casos incipientes.
4.      En los pacientes crónicos agudizados por abandono del tratamiento o por situaciones o eventos sociales (familiares, laborales, etc.) igualmente se facilita un tratamiento intensivo completo (medicamentoso, psicoterapéutico y ambiental); y una posterior inserción a la sala de mediana estadía con menos síntomas productivos, lo que facilita el manejo de estos pacientes y el aprovechamiento de las actividades de la comunidad terapéutica de forma óptima.
5.      Casos de urgencia infantil. No podemos hablar del tema de las urgencias psiquiátricas sin hacer mención a la urgencia psiquiátrica infantil. Según algunos autores (Freedman y Kaplan, 1982), debido a la escasez de psiquiatras infantiles calificados, el peso del diagnóstico y el tratamiento recae en su mayor parte en el psiquiatra general. Cuán lejos de la realidad se encuentra este criterio, ya que en nuestros hospitales, la urgencia psiquiátrica infantil queda en el mejor de los casos  en manos del pediatra residente sin capacidad para enfrentarla, cuando no en médicos generales sin experiencia alguna en su manejo. 

Las causas más frecuentes son el envenenamiento no accidental (el 25% de los envenenamientos en los niños son verdaderos intentos suicidas) y el síndrome del niño maltratado, en los que se plantes que “en todos los casos sospechosos, incluso cuando el daño no es grave, el niño debe ser hospitalizado”. 

Se hace necesario entonces, la presencia de personal entrenado en este tipo de casos de urgencia en hospitales generales pediátricos, para ofrecer una adecuada atención inicial a la urgencia y su seguimiento posterior.

Algunos autores coinciden en que las unidades de intervención en crisis no se requieren para la urgencia psiquiátrica infantil, ya que la misma requiere de un tratamiento a largo plazo.
Pacientes con variadas manifestaciones psicopatológicas por abuso o dependencia de alcohol u otras sustancias psicoactivas, posterior a su desintoxicación en medicina interna. Tomando en cuenta la alta tasa de alcoholismo y drogadicción, esta es una demanda que tiende a aumentar en los próximos años.

Dada la inmensa gama diagnostica que debe enfrentar el equipo terapéutico en las UIC, este utiliza los recursos de la terapéutica más moderna. Así son factibles terapéuticas biológicas que van desde la convulso terapia moderna, el narcoanálisis, la psicofarmacoterapia y las terapéuticas psicológicas breves que buscan modificaciones del aquí y ahora; técnicas de apoyo, de orientación, cambio de ambiente, modificación y remoción de tensiones, ventilación, sugestión, entrenamiento autógeno de relajación neuromuscular y técnicas de dinámicas grupales, familiares y de parejas, las cuales son, por sus objetivos, las más frecuentes y de mejores resultados. 

La atención a la salud mental siempre ha sido “la cenicienta” en los sistemas de salud en los países sub desarrollados; y Nicaragua no es la excepción. Nuestro sistema de salud mental requiere de modelos eficaces que den respuesta a la problemática actual de la urgencia psiquiátrica. Este reto no debe ser eludido por los profesionales de la salud mental ni por las autoridades de salud. La creación de unidades de intervención en crisis nos pondrán a la par de otros países con grandes logros en relación a la asistencia psiquiátrica de sus pobladores y a su vez posibilitara una vía excelente de formación docente para los nuevos profesionales que se formen en el país en el área de salud mental.

Tomado de: “psique y sociedad” revista del departamento de psicología. Universidad Centroamericana, Managua, Nicaragua. Volumen 1, 1994, Numero 1

domingo, 17 de febrero de 2013

Hamlet, la dialéctica del ser.



Hamlet, la dialéctica del ser. 

por Antonio Henriquez

El obstáculo principal que sobreviene al momento de comentar o intentar analizar un texto literario o referente artístico es el situarse mentalmente en la época del autor en cuestión y ubicarse aunque sea superficialmente sobre el propósito primigenio de los elementos que disgregados intenta exponer.  Tal imposibilidad permite al sujeto externo, actuar con amplia libertad y utilizar un sin número de interpretaciones personales interdisciplinarias  a una obra determinada. De Hamlet, en efecto, se ha escrito y comentado hasta la saciedad por varios siglos. Goethe y Anatole France emitieron comentarios generales sobre el drama que se remiten a la utilidad de la obra desde una perspectiva espiritual, articulando el leit motiv frente a las vibraciones filosóficas transfiguradas a través de la disyuntiva entre naturaleza y razón. La obra se desborda ampliamente en sus consecuencias y precisamente se deja valorar tanto de filosofía, teología y psicología. Las ideas existenciales que se mueven tras el correr del texto han conmocionado casi hasta la exageración al hombre occidental. Posiblemente la admiración por este personaje se encuentre en que el lector logra identificar  como proyección, el miedo a vivir que siente Hamlet, el cual,  supera con creces al temor de morir.


El drama del héroe trágico ha sido estudiado constantemente por la psicología analítica desde Sigmund Freud, hasta Jacques Lacan; precisamente, para encontrar en las situaciones, figuras, sucesos y sentimientos introducidos, un paralelismo con la realidad de los procesos psíquicos humanos que se manifiestan comúnmente desfigurados por la percepción objetiva imperante y por esta razón tratan de sublevarse sobre los procesos mentales conscientes, a través de formaciones simbólicas. ¿Por qué se ha de arrastrar en la tierra gente como yo? Hamlet es una obra que se expande eminentemente con propósitos psicológicos al erigirse como un sustituyente del carácter humano en su duplicidad, en tanto busca con todos sus medios lo absoluto del deseo, el arquetipo de lo actuado ante el temor de los desconocido del ser, que se cree capaz de surcar las profundidades del inconsciente  para anticiparse a las fuerzas ansiosas que automatizan la vida.

Para Freud, específicamente, el valor de la obra es poner de manifiesto las funciones anímicas y síntomas neuróticos que se actualizan en función del complejo edípico. Las acciones del héroe consideran solamente la satisfacción -  conservación de los deseos edípicos  y su consecución a través de una constante lucha con el fenómeno de proyección representado por la figura de Claudio, el cual asesinó a su propio hermano (padre del príncipe danes) para ocupar el lugar de rey y esposo de la reciente viuda, la reina Gertrudis. Propiamente Jacques Lacan en el Seminario 6: “El deseo y su interpretación”, se adentra más en la consciencia del personaje, para traspasar el complejo edípico y encontrar las vivencias pulsionales que se presentan tras la figura del deseo y sus incontables formas de representación. “Lacan hace notar en su estudio sobre Hamlet que hay una diferencia entre ser y tener: la cuestión es pues una cuestión del ser; ser o no ser el falo, serlo sin tenerlo corresponde a la función femenina”.

Diría Freud: extrañamente, el abrumador efecto causado por la más moderna de las tragedias no ha impedido que el mundo siga totalmente a oscuras respecto al carácter de su héroe

No solamente se sigue a oscuras frente al carácter de Hamlet, sino que con todos los avances técnico recientes, se ignora ampliamente el factor constituyente de la experiencia humana como noción de continuidad del ser, replicando a Heidegger. Condición sustancial para comprender las distinciones a las que debe enfrentarse el comportamiento humano implícitamente, según su funcionalidad en relación a la cultura.  En la locura se pierde el yo soy, frente a cada instancia institucionalizada que se transforma en enfrentamiento. Todo lo que se asemeja al no ser, desde el discurso de Parménides, ha espantado la conciencia de la existencia. 

Unión y desunión  en la catarsis

En Hamlet se encuentran síntomas o estados psicológicos que pertenecen a más de un perfil categórico, angustia, melancolía, delirios, locura y desinhibición de los instintos primitivos reprimidos; dudas personales, temores, alucinaciones, complejos y modos de interactuar que reciben su significado de la vida primitiva (quietud pasiva ritual para atraer a la presa, evidenciada en el contenido del comportamiento fingido del loco, como libido o impulso primario, para hacer caer a los demás, poco a poco dentro de los objetivos previamente planificados). Dichos períodos, comprendidos como una parte del inconsciente, permiten al sujeto ligar o desligar formas de fantasías representativas, aquellas cuales otorgan al ser consciente un estado subjetivo por medio de múltiples sustituciones simbólicas, antes de integrar completamente sus motivos dentro del acto deseado.

 Enfática critica exclamaría  Deleuze, sobre la pretensión del psicoanálisis en  comprender la psiquis humana a través de la universalidad del drama teatral “el inconsciente no es una obra de teatro”, objetaría el heterodoxo francés, sin embargo, el teatro como expresión artística o las obras literarias, serian en este sentido, un acto dentro de otro acto, un deseo constante del espectador - lector en repetir compulsivamente el sufrimiento que subjetivamente responde a un ilusorio estado de catarsis en las aspiraciones emergentes del sujeto para encontrarse a sí mismo, más allá de lo falso y lo real. Un reservorio ideal para actualizar frente al mundo exterior los conflictos pulsionales de la gratificación. 

Podríamos comprender, explayando la interpretación psicoanalítica, que bajo el argumento de una historia de venganza Hamlet muestra un retrato íntimo de  la naturaleza humana: un cumulo de abstracciones fenomenológicas cuyas intenciones se destinan a transformar el impulso vital en furia, vergüenza y culpa. Mientras los subterfugios regulares del ambiente pretenden hacer converger las excitaciones y contradicciones del sujeto hacia un fin ilusorio común.

¡Ser o no ser, la alternativa es esa!, con esta expresión,  Hamlet, carácter moralizador posteriormente corroído, enfatiza todas las tendencias contrarias que se aglomeran dentro de una apócrifa unidad, los sino al servicio del individuo que es y no es.  Al pensamiento racional se somete el instinto yoico, voluntad creadora diferencial que al mismo tiempo encuentra, dentro de tal flujo de interacción, justificación para expresarse a través de fatalidades y abstracciones mentales, específicamente aquellas que responden a reacciones psicológicas cuando el devenir del ser es evaluado como una cualidad más (lo que ya se ha decidido a realizar, ¿bajo que argumento subjetivo no se ha realizado?). Dicha dualidad es evidente cuando el personaje se deja invadir por la duda y expone la infructuosidad de sus ambiciones y propósitos inacabados. Las aspiraciones están sometidas a fuerzas contrarias (prudencia – cautela, frente a motivación – acción): 

Hamlet acto cuarto, escena cuarta:

 Ahora bien, sea por infame olvido o escrúpulos cobardes, porque piense harto en aquel asunto – pensamiento que dará si en cuarteles se divide de razón uno y tres de cobardía – lo cierto es que la razón no hallo que me explique por qué viviendo digo esto se debe hacer, habiendo causas y voluntad y fuerza y maneras para poderlo hacer. 

Paradójicamente no es el soliloquio esquizofrénico el que se forma en fatídico lamento del personaje, sino un plano relativo del ser que corresponde a la cautela proveniente del creciente estado de preocupación expectante por asegurar el dominio de la situación y dirigirse así mismo sobre determinados obstáculos creados y asumidos, que rigen su conciencia, prototipo claro de las neurosis obsesivas. 

La vida anímica de un modo se entiende, gracias a estas definiciones, bajo un sentido lógico el cual expone principios racionales para comprender el mundo interno con relación al mundo externo. Sin embargo, tomando en cuenta la duplicidad de los elementos contrarios en nuestra realidad propia y exógena, evocando la lectura psicológica al drama de Hamlet, ¿Qué sucede cuando el yo consciente, además de perder noción de sí mismo, fluctúa en las interdicciones del pensamiento y acción, desenterrando sentimientos, reprimiendo impulsos y modificando su estructura más profunda? ¿Se ocupa acaso el ser, por los procesos estéticos más sublimes o por las relaciones internas que se dan dentro del sujeto para angustiarle y perturbarle, creando nociones de realidad cuando esta se pierde gravitando sobre la irracionalidad?

Hamlet y lo irracional

De nada sirve delimitar los rasgos personales de Hamlet y personajes otros, según tipificaciones psiquiátricas modernas, más que para hacer aclaraciones sobre el superfluo y arbitrario distanciamiento entre normal y anormalidad. Evidentemente el texto se sirve de diferentes estados psíquicos y del sostenimiento de los mismos, vinculados a la voluntad para manifestarse en actos, siguiendo el lineamiento, pensamiento – reflexión y acción, como uno de los ejes centrales a diferenciar junto al desarrollo del tópico fundamental. 

Con la incorporación del valor irracional en la obra, se logra introducir una arcaica tendencia de la personalidad: el conflicto neurótico del yo, que consiste en expresar la desesperación  con el lenguaje apropiado de una cultura de culpabilidad. Un retrato sonoro de la locura como causalidad psicológica producto de los procesos de relación establecidos en efecto, dentro de un determinado espacio socio – grafico; el castillo de elsinore  quizás, o el ansia que se deriva en cada persona cuando se observa abstraída por las diversas corrientes de la realidad. 

Proyección de lo irracional tras el drama griego

La pérdida del juicio o irracionalidad es un tema recurrente en toda la obra. Shakespeare hace hablar a los locos de su época con un lenguaje sobrenatural  dotado de propiedades que han sido negados a los hombres comunes, elemento tomado quizás de la locura divina expuesta en los relatos mitológicos de la época clásica; Ajax en su, locura habla un lenguaje siniestro "que no le ha enseñado a ningún mortal sino un demonio”; a Edipo, en un estado de delirio lo guía un demonio hasta el lugar donde espera el cadáver de Yocasta. Hamlet, propiamente, es buscado por el fantasma del padre que expresa y anuncia con sus vaivenes el prototipo demencial de la locura profética desarrollada posteriormente hasta niveles paroxísticos por el príncipe danes. 


El contenido del comportamiento anormal (génesis y curso) representado por Shakespeare evidentemente se sirve de la tradición griega general para tratar y representar el tema de lo irracional. En Hamlet converge tanto la locura profética apolínea como el éxtasis delirante dionisíaco. Aparece y desaparece la voz del padre constantemente como impulso psicológico irracional. Desde las profundidades del ser, es un sujeto de innata tendencia a reflexionar y de intachable entereza moral, pero, a pesar de esto, no logra sostener la estabilidad del carácter ante el universo de relaciones que le rodea, encontrándose perturbado, angustiado por ser víctima del pensamiento destructivo pulsional. Contrario a la dinámica psíquica organizada en base al impulso aristocrático apolíneo. 

Hamlet muestra las lejanías de las estancias del ser, sea en definiciones pretéritas o nociones proféticas. Atribuye interpretaciones varias a su realidad desde múltiples vertientes del criticismo explicativo; siendo su propósito dilucidar la vertiente filosófica de las vivencias humanas que se ponen en escena para comprender consecuentemente la importancia adquirida de los objetos por varias circunstancias introducidas las desdichas del destino


El objeto de la locura

Ilusión del sentimiento de valor

Potencialmente es una historia sobre venganza, en donde se intercalan emociones, reflexiones y sobrevienen situaciones varias que de cierto modo exhiben el horizonte existencial refugiado bajo la forma de duda. No obstante, es importante señalar la relevancia que recae en la indecisión y el postergar de los sucesos. ¿Por qué se retrasa tanto en llevar a cabo un acto que es tan claro, según sus propósitos desde el encuentro con la imagen del difunto padre? Tomando en cuenta la condición de noble del príncipe, retrasar la venganza supone una debilidad para el sentimiento del propio valor aristocrático. Una violación a la esencia del pathos noble, inherente no por su título nobiliario, sino por la audacia critica propia de un espíritu sublime que conjuga en sí mismo un crisol de compasiones humanas y motivos intelectuales superiores. No someterse a principios racionales, naturales a su entereza, genera angustia, el daimonion del padre hace sustituir tales controles racionales por espejismos de locura. Se permite sentir y vivir el dolor hasta saciarse del mismo y rechazarse por dejarse sufrir las emociones de la vitalidad. El padre asesinado ha revelado al consternado hijo el agravio, este sin embargo, no reivindica por sí mismo y para si el acto de venganza, tan solo replica, como si de ecos se tratara, el deseo de identificación metafórica con la necesidad de búsqueda; sea esta una búsqueda de resarcimiento del honor o del ser, perdido en la falta del juicio que se impulsa sobre lo patético de la existencia. En este punto se ha transformado la tendencia y la primer voluntad se transforma en ira, el príncipe de intereses filosóficos se convierte en un sujeto capaz de destruir al objeto identificado o destruirse a sí mismo en el intento, cargando, constantemente, con la culpa de no consumar (acting out) el acto luego de ser acordado. Está presente la ira, sin embargo, solo es una gnosis más, diluida, fundida por el estado ilusorio del pensamiento. 

 Quien juzgue la descarga de los impulsos destructivos como algo negativo evidencia la imposibilidad de comprender la figura de la locura como una manifestación encubierta del ser. El rey Claudio seria enfático al evaluar el comportamiento de su sobrino como un peligro para los demás. No en vano los ritos del comportamiento colectivo permiten identificar y descalificar, sea de forma deductiva o inductiva, las personalidades que en apariencia son discordante con el numen social. Aíslenlo, pide el usurpador rey danes, el odio que proclaman sus palabras  resuenan para defender la “lógica humana”, reúne de modo exacerbado el juicio de lo absurdo que se renueva cuando se hace tipificar anacrónicamente el particular modo de vida humano según el convencionalismo psicológico. 

Es curiosa la nobleza con la que describe Shakespeare a los leprosos de su época. En definitiva, es en boca de Hamlet y Ofelia donde presenta de forma más sublime el trágico dilema de su obra, actualizarse o inmolarse en el intento de transformación, articulando de forma poética la hiperexpresividad de las ideas, de las imágenes y de los afectos inconscientes. ¿Es un loco noble el que intenta retratar, el dramaturgo inglés,  que engendra una impresión de poeta metafísico al exclamar sentencias filosóficas presocráticas y encarna uno de los mayores dilemas de la filosofía helena? O, ¿es una sátira a la nobleza monárquica al hacer contar dentro de sus filas un “falto de juicio”, producto de las intrigas que han definido la consecución del poder en el absolutismo? Posiblemente responder estas interrogantes no le compete a nadie más que al autor, sin embargo, en definitiva el elemento de separación es evidente, uno son los catalogadores de conductas (avalados por instancias de poder nobiliarias y teológicas) y otros los etiquetados, como locos, sin juicio, faltos de razón. Hamlet finge estar loco, toma de objeto para la locura un estigma general que ha caracterizado la interpretación de este comportamiento desde antes de la barca de los locos; Escisión de las tendencias yoicas,  disociación de la realidad y sus elementos comunes, signos físicos exacerbados (mitomanía), estado de fuga, sugestibilidad.


 Necesita Hamlet aliviar aquellas ideas, pensamientos, que se forman como resistencia frente a la angustia, es imperante en la conciencia de su autoexistencia sentirse purificado manifestando la causa del deseo que le priva ser sí mismo. Sabe que su tío debe pagar las consecuencias de sus actos, es consciente de su rol en tal sistema circulatorio de eventos.  Al Amparar tales ideas se convierte en esclavo de un pensamiento vengativo que le llevara a cometer un crimen deplorable, sea cual sea la causa. Pensador torturado, ante la situación inmediata se siente inerme, prefiere vivir al lado de la locura y transportarse hasta cierto punto sobre el miedo racional . ¿No han de sufrir cosas terribles los que acometieron actos terribles? Eurípides, Orestes, 413.

Acto segundo, escena segunda

Hamlet: Últimamente, y sin saber por qué, he perdido toda la alegría y el deseo de ocuparme de las tareas cotidianas. Tengo tal pesadumbre en la mente que esta gran fábrica, la Tierra, me parece un promontorio yermo; y esa bóveda cristalina, ese firmamento majestuoso tachonado de fuego áureo, sólo me recuerda una infecta y nauseabunda licuefacción de vapores.

Dentro de la intensidad de su pensamiento Hamlet ha actualizado su consciencia en concordancia con la situación atemorizante que domina su vida. Expectante, cauteloso, fingiendo lo que es, y mostrándose como lo que no es. Hay en su discurso un vuelco del sentido práctico del motivo desde el punto de vista reflexivo – racional; encontramos de nuevo en el campo de la acción, otra transgresión de los valores naturales. Admitámosle loco, diría Polonio. No es Hamlet quien habla, es la locura, (permitiéndose presentarse en todas sus formas sin anularse por un solo objeto de identificación, sin tipificaciones, o categorizaciones) que se circunscribe a cada palabra, que no encuentra más límites voluntarios para mostrarse según sus ambiciones superiores. 

El terrible volver

Al final Hamlet queda debiendo una muerte, y es la de Laertes. Con la muerte de su padre se encontró, como hemos visto, en un estado de pasividad, o dependencia – receptiva. Al margen de los acontecimientos, opta por transfigurar su personalidad e inexorable condición moralista, y,  busca, evasivamente, excusas para retrasar la muerte de su tío. Pero no se permitiría ser el único con vivencias dolorosas. El sentimiento de juicio moral o resarcimiento del complejo edípico, en términos freudianos, le llevarían a representar fundamentalmente la misma situación otra vez, pero sufrida por Laertes en esta ocasión. Tendencia egoísta u obsesión de repetición con rasgos de sadismo podrían ser explicaciones válidas para comprender  este episodio en particular,. Al final tanto en uno como en otro caso, la simbiosis de los impulsos nos permite calificar el drama como una expansión del ser proyectado hasta las modificaciones cualitativas más drásticas y un ejemplo del inextinguible afán del siempre volver, cuando es la vergüenza quien se nutre de la furia. 

Es ese el drama de la irracionalidad, el ser que desespera por querer ser en palabras de Kierkegaard. Antípoda de lo racional, hablar en alto por la angustia, melancolía y delirios otros. Búsqueda interminable de representaciones y polimorfismo en donde el individuo pueda presenciar su propia existencia, sea en interminables elaboraciones mentales o en las fuentes del arte, que encuentra sustento en vida humana para dar forma al espectáculo. Nos aclara Hamlet que tan artificial es el concepto de moralidad tradicional y ambigua las distinciones impuestas por las efigies de lo racional (logos), así como las adversidades inminentes que se esconden tras el deseo de transformarse en otro, tomando en cuenta que tal deseo es una repetición del ser que no es. 

Bibliografía consultada:
Emilio mira y López (1965) Los cuatro gigantes del alma. Editorial el ateneo, Buenos Aires-
Ey Henri (1978) Tratado de psiquiatría. Octava edición, Masson, Barcelona.
E.R. Dodds (1997) Los griegos y lo irracional. Alianza editorial, Madrid
Foucault, Michel (1975) Historia de la locura en la época clásica. Fondo de Cultura económica, Mexico
Freud, Sigmund () La interpretación de los sueños. Alianza Editorial, Madrid
Philipp Lersch (1968) Estructura de la personalidad. edit. Scientia, Barcelona,
Sófocles (1921) Las siete tragedias. Madrid, Librería de los sucesores de Hernando
William Shakespeare (2009), Hamlet. España Ediciones Mesta.